por el padre Francesco Bamonte, vicepresidente de la Asociación Internacional de Exorcistas
Pocos saben que, desde el 22 de septiembre de cada año, los grupos y movimientos de la neomagia Wicca y del satanismo comienzan una «cuaresma» blasfema que dura cuarenta días, caracterizada por acciones y rituales cada vez más abominables, hasta alcanzar su clímax en la noche entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre, que ellos llaman la noche de Halloween, pero que para los católicos de todo el mundo es, en cambio, la hermosa y luminosa noche de la Fiesta de Todos los Santos.
A diferencia de la fiesta de Todos los Santos, Halloween propone temas oscuros como la violencia homicida, la burla de la muerte o su exaltación desesperada, lo macabro, el horror, lo oculto, la brujería, lo demoníaco. Los personajes de Halloween, que inspiran el disfraz de menores y adultos, son monstruos, vampiros, fantasmas, esqueletos, hombres lobo, zombis, brujas y demonios.
El atractivo y el encanto de estos disfraces y temas es una clara señal de una grave forma de malestar interior extendido en la sociedad actual. Halloween exalta así la fealdad y celebra lo espeluznante y la oscuridad, inculcando el horror en la mente de los más pequeños y los jóvenes, para luego exponerlos a pesadillas y terrores nocturnos.
Esta fiesta colectiva, consumista y al mismo tiempo irracional, por un lado confirma las profundas transformaciones culturales causadas por la secularización con su contradictoria recuperación de la mentalidad mágica que culmina en un renacimiento neopagano; por otro lado, nos muestra la maquinaria comercial que la alimenta y que se impone en los contextos geográficos y culturales más dispares, incluida África, sin respetar las tradiciones y sensibilidades religiosas locales.
Desde hace algunos años, en Italia y en el extranjero, círculos ocultistas y satánicos, disfrazados bajo la etiqueta de asociaciones culturales, organizan para la ocasión, ya en las semanas previas al 31 de octubre, espectáculos que forman parte de una estrategia precisa que no es en absoluto casual. Llegan incluso a organizar escuelas de magia y brujería con intenciones lúdicas, aparentemente inofensivas… Se trata de un engaño para las familias y una trampa para los niños y los jóvenes.
Recordemos que Halloween, considerada por muchas familias como una ocasión de juego y diversión para sus hijos, es una festividad caracterizada por lo oculto, la magia, la brujería y lo demoníaco, que tiene sus raíces en una celebración religiosa pagana: la fiesta de Samhain, que tuvo su origen entre los celtas, un pueblo que se estableció en la antigüedad en muchas zonas del continente, desde las islas británicas hasta el norte de Italia.
Por lo tanto, Halloween no es en absoluto una festividad laica, una inocua fiesta global de masas, porque en realidad nos encontramos ante una auténtica representación y relanzamiento de una fiesta religiosa pagana durante la cual se realizaban rituales mágicos con sacrificios de animales e incluso humanos.
La nueva brujería de nuestro tiempo, que se ha organizado en un movimiento llamado Wicca, celebra en sus principales fiestas del año, al igual que hacían los celtas, la festividad de Samhain. Esta celebración, según el calendario de la Wicca, da inicio al nuevo año de la brujería, precisamente en la noche entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre.
También para los adoradores del diablo, los satanistas, la fiesta principal de sus inmundas celebraciones —el comienzo del año satánico— es precisamente esa noche.
El hecho de que esta festividad, que en los últimos cincuenta años ha exaltado cada vez más la muerte, la violencia, el horror y lo demoníaco, y ha incorporado en sí misma la representación oculta de la brujería y el satanismo, se incluya incluso en la programación escolar, es un hecho adicional de una gravedad inaudita. Celebrar Halloween a nivel social con una peligrosa superficialidad, en lugar de promover los valores de la no violencia, la paz, la belleza y la armonía, es un signo de grave oscurecimiento de las conciencias.
Quienes celebran Halloween, por lo tanto, aunque no tengan la intención de unirse a la brujería ni de celebrar al demonio, de hecho se comunican con estas realidades tenebrosas.
Orientar a las nuevas generaciones hacia lo malo y lo oscuro a través de Halloween significa indicarles una dirección opuesta a lo que es bueno y verdadero, y por lo tanto a Dios, que es la fuente de lo verdadero, lo bueno y lo bello.
Los satanistas, por ejemplo, son muy conscientes y se alegran de que los cristianos celebren Halloween, precisamente porque están convencidos de que quienes lo celebran honran implícitamente al demonio y, en consecuencia, se abren a su influencia nociva. El fundador de la Iglesia de Satanás en Estados Unidos, Anton LaVey, afirmaba satisfecho: «Me alegro de que los padres cristianos permitan a sus hijos adorar al diablo al menos una noche al año. ¡Bienvenidos a Halloween!».
Esta atmósfera malévola, este halo oscuro que envuelve Halloween, hace que el período preparatorio de esta fiesta se convierta en un momento privilegiado de contacto de los niños y jóvenes con sectas y grupos del mundo del ocultismo. Algunos sitios web para niños, donde se describen personajes y escenarios de terror, incluso presentan enlaces que dan acceso directo a sitios de satanismo y magia negra.
Ante este innegable y sombrío panorama, ¿cómo se puede seguir sosteniendo que Halloween es una fiesta inocua e inocente? Bajo la forma de juego y diversión, introduce y acostumbra a los niños y jóvenes a la «oscuridad» tanto física como moral, porque hace que la «cultura de la muerte» se convierta en algo normal para ellos. Todo este fenómeno tiene como consecuencia el apagamiento de la esperanza en las nuevas generaciones y la exaltación de la desesperación y la violencia.
¿Cómo frenar y transformar este triste y doloroso fenómeno? En primer lugar, no se puede prescindir de un paso fundamental: favorecer una nueva evangelización. El fenómeno de Halloween ha crecido en el momento en que el cristianismo ha comenzado a tener cada vez menos influencia en la sociedad.
La nueva evangelización será, por lo tanto, tanto más eficaz y liberará los corazones de la fealdad y la oscuridad que emanan de Halloween, así como de otros fenómenos negativos de la sociedad actual, en la medida en que los corazones de los obispos y sacerdotes, de los consagrados y consagradas, de los padres y educadores, de todos los cristianos y cristianas conozcan profundamente y amen apasionadamente a Jesús y a la Virgen María, su Madre Santísima y nuestra Madre, transmitiendo a las nuevas generaciones el encanto del mundo divino en el que se contempla la maravillosa belleza a la que estamos llamados y en la que nuestra existencia se realiza plenamente. El mundo sobrenatural divino es, en efecto, portador de la verdad y la bondad que Dios, infinitamente verdadero, infinitamente bueno e infinitamente bello, quiere compartir con sus criaturas.
Los niños, los adolescentes y los jóvenes necesitan belleza, no fealdad; necesitan bondad, no maldad; necesitan verdad, no mentira; necesitan el bien, no el mal. La belleza sobrenatural, la que resplandece en Cristo, en la Virgen María, en los Ángeles y en los Santos, les ayuda a distinguir entre lo que es verdadero y lo que es falso, entre lo que es bueno y lo que es malo.
Es consolador y llena el corazón de alegría el hecho de que, en la tarde y la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, como alternativa a Halloween, cada vez más sacerdotes organizan diversas iniciativas, como procesiones de los santos, representaciones de la vida de los santos en las salas parroquiales, horas de adoración del Santísimo Sacramento en reparación y otras propuestas orientadas a la sensibilización cristiana de la celebración de la fiesta de Todos los Santos. Así como la luz es la hermosa alternativa a la oscuridad, estas iniciativas relanzan entre las nuevas generaciones los hermosos rostros de los santos en lugar de las horribles máscaras de Halloween.
Entre estas iniciativas cabe destacar, desde hace algunos años, la «Noche de los Santos», organizada en varias diócesis.
También son muy loables las vigilias de oración con turnos de adoración del Santísimo Sacramento. El año pasado, varios grupos de jóvenes de toda Italia se turnaron durante toda la noche en adoración ante el Santísimo Sacramento. La adoración concluyó por la mañana con el momento del sorteo del santo. El santo que sacaron fue su patrón durante un año. Quien lo sacó se comprometió a leer su vida y a pedir su intercesión ante Dios.
Otras iniciativas loables, por parte de los sacerdotes, son ayudar a los pequeños y a los adultos a distinguir lo que es inocuo de lo que no lo es, también hablándoles de nuestros santos y de la comunión que nos une a ellos y a nuestros seres queridos difuntos.
Una bonita iniciativa que os voy a contar fue la de una madre que organizó un grupo de 6/7 niños, entre los que se encontraba su hijo de 9 años, y los envió la noche del 31 de octubre, vestidos con ropa normal, a casas y tiendas para repartir estampitas de santos. En las casas y tiendas, los niños fueron recibidos con la expectativa de que dijeran la frase «truco o trato», y la gente ya estaba preparada para regalarles caramelos o chocolates. Sin embargo, para su gran sorpresa, las personas veían que los niños simplemente les regalaban la estampa de un santo sin decir ninguna frase. Todos la aceptaban y algunos incluso con gusto. Después, les regalaban dulces de todos modos. Esta bonita iniciativa me la contó un seminarista que era precisamente ese niño de 9 años al que su madre había enviado con sus amigos a las tiendas y a las casas la noche del 31 de octubre. Y el seminarista concluye su testimonio diciendo: «Guardo un bonito recuerdo de aquella noche en compañía de mis amigos y de la cesta llena de estampitas. Ahora que soy mayor, al recordarlo me doy cuenta de lo mucho que la fiesta de Halloween oculta y hace olvidar la verdadera fiesta, la de Todos los Santos».
Este año, la Asociación Internacional de Exorcistas ha llevado a cabo la importante iniciativa de crear un vídeo que, hasta ahora, se ha producido en italiano, inglés, español, portugués, alemán y coreano. El vídeo dura cuatro minutos y medio y propone un decálogo eficaz y meditado que desenmascara la realidad oculta que se esconde detrás de este fenómeno de masas. El vídeo es una herramienta educativa y pastoral que nuestra Asociación difunde a través de su sitio web. Basta con escribir en el buscador «Asociación Internacional de Exorcistas Halloween» y aparecerá este vídeo, que podéis descargar y compartir con vuestros contactos.
Espero que lo escrito hasta ahora haya sido útil para descubrir mejor las raíces del fenómeno de Halloween con su valor negativo y comprender lo importante que es para los católicos celebrar a los santos, que han dado testimonio de Dios, la luz y la alegría de la existencia y que con su intercesión pueden obtener muchas gracias. Junto a los santos, no olvidemos conmemorar a nuestros seres queridos difuntos, que esperan nuestras oraciones y con los que esperamos reunirnos algún día, por toda la eternidad.v